El nuevo nacional-catolicismo

Vamos a hablar del nuevo nacional-catolicismo empezando por otro asunto que forma parte de un todo… Anda España gravemente preocupada por los aconteceres de la Corte de los Milagros, que eso es pues en ella tales ocurren: he ahí libre de pena la colaboradora, por cónyuge y socia, de un ladrón destemido según los jueces. Cristina -probablemente- Puigmoltó, juzgada en la capital del Ex-Ducado Isleño de los Cómplices, centra los focos y los micrófonos a tal punto de que se olvidan hechos periféricos en el fondo conectados con el milagro a que aquí se hace referencia. La Corona y la Cruz están en manos de Los de Siempre.

Mientras en Madrid se adivinaban sentencias y llegaban a saberse, en provincias se producían sucesos eclipsados por el drama palmero. Por ejemplo, en un impaís que unos llaman Galicia y otros Galiza, se anunciaban unas fiestas famosas y nacía un chiquillo envuelto en el velo de la fortuna. Y ante ello, la Santa Madre Iglesia (Católica Romana) reaccionaba de diferentes maneras.

Este es el cartel del escándalo

Para el paciente lector de cultura no galaico-portuguesa diremos que el Entroido o Entrudo (del latín “Introitum”, introducción, en este caso a la Primavera) ya existía antes que el Carnaval. Pues bien, en un cartel de anuncio de esa fiesta en Coruña se representaba algo parecido a un Papa borracho, lo cual provocó la denuncia del arzobispo de Santiago, a cuya diócesis pertenece el burgo marítimo que siempre quiso tener obispo propio.

El cartel tenía explicación: hacía referencia a los curas obligados a decir tantas misas que acaban pasados de vino (supuestamente sangre de Cristo). Galicia tiene una gran dispersión poblacional (más de la mitad de los núcleos de todo el Estado), sufre un avejentamiento que llegó a la Iglesia y no aparecen nuevas vocaciones “porque el mundo está lleno de vicio y materialismo”.

De poco valió la explicación pues el arzobispo, que es castellano (Roma siempre mandó hombres de Castilla a continuar la doma y castración del reino díscolo del Noroeste), no se arredró; y se sospecha que desde los púlpitos se animó a que las damas del partido al que vota el clero -y al que manda votar a los fieles- se lanzasen a recoger firmas contra la corporación mayoritariamente roja de “La” (para ellos) Coruña.

Cárdenas y Feijó padres

Y, mientras se producían disgustos infantiles (cosas de infantas así se califican) y carnavalescos, venía al mundo el hijo de una señora de “familia bien” de Coruña (y de Ferrol por vía materna) y de un señor de familia ourensana “de pueblo” como dirían los castellanos. Hembra y varón, mayores de cincuenta años, son muy conocidos en el Impaís Galaico y viven, según la moral católica (no la de quien esto escribe), en manifiesto y público pecado. Ella es una directiva del grupo Inditex y él, presidente de la Xunta de Galicia.

Y aquí viene el silencio. Ni las damas del Partido Popular recogen firmas pidiendo que la pareja contraiga matrimonio -sacramento a recibir después de la confesión- ni el Arzobispado hace la mínima alusión a lo que escandaliza a los fieles ortodoxos.

¿Por qué? Porque vivimos en una etapa de nuevo nacional-catolicismo. Hay un pacto al que no puede ser ajeno al Papa Tano (sí, señores, “tano” porteño, y no es ofensivo), tan recto en apariencia. Los curas que dicen misas de más y beben en consecuencia, hablan, hasta con ateos. Comentan de líos de mujeres y hombres, de hombres y hombres, de mujeres y mujeres, pertenecientes al partido al que votan, a la Irreal Casa y a toda la Corte de los Milagros que levita gracias a Los de Siempre… “Silencio, hermanos. Nos callamos y no se habla del Concordato”, concluyen los piensan en 270 millones de euros de limosna estatal.

Dios -si existe- guarde al inocente recién nacido y no nos metamos en las relaciones que llegan al contacto carnal: cada cual haga lo que le dicte su conciencia. Viva la vida. Ese chico es uno de los gallegos que nacen por cada dos que mueren y otro que emigra. Mas vayamos a la coherencia, y juzguemos a la Iglesia de Roma. Volviendo al caso del Mandarinato del Noroeste, el padre de la criatura ya le llevó al Papa Ratzinger una doña Chinny con peineta y mantilla tal vez en función de primera dama -novia, no esposa- del Impaís. Curiosamente, esa señora ya no apareció en los fastos político-religiosos compostelanos en los que se encontraron el Papa y quienes se hacían llamar monarcas.

¿Qué ocurrió? Segunda curiosidad: ningún político habla de estas cosas políticamente inconvenientes. Ninguno busca enlaces. ¿Por qué?

Si alguien sabe de esto, aquí queda página abierta.

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