Soporífero Caim de Saramago

Caim de José SaramagoDos premios Nobel de Literatura ibéricos muestran elementos vitales y productivos semejantes: Cela y Saramago.

Al primero y mayor vamos a llamarle “don Camilo de Madrid” ya que Padrón, su villa natal, fue apenas anécdota en una vida de chulapón. Cela escribió un par de libros magníficos, La familia de Pascual Duarte y La colmena, alabó la lengua castellana y despreció la gallega, como tantos españoles sin vista al mundo. Se casó ya anciano con una moza curiosa, periodista de profesión pero inclinada al comercio de todo tipo y de apodo “la Marina Mercante”.

Son muchos los críticos que se preguntan de qué manera conseguiría Camilo el galardón literario que codician todos los escritores del mundo, siendo autor de tan escasa obra válida. También se preguntan críticos y lectores cómo, ya senil, no tuvo quien le impidiese publicar futilidades que denigran el conjunto de su producción literaria. ¿Es ella la culpable? ¿Fue un viejo sobreexplotado?

Al segundo le vamos a llamar “don José de Lisboa” (su mundo rural de origen pesa en su obra, pero mucho más pesa en ella la capital que pudo ser de “las Hespañas”). Tuvo entrada gloriosa en el universo de las Letras, adoraba el castellano y menospreciaba el gallego, quizá porque le recordase la raíz del habla campesina de Levantado do chão.También mayor cometió matrimonio contra moza periodista, negociante, andaluza de mal oído que se atrevió decirle a un escritor gallego “Es que los gallegos habláis portugués mal hablao”.

Mucho crítico se pregunta cómo don José pudo llegar tan lejos mientras sus textos decaían hasta convertirse en una sucesión de pesadeces. ¿Lo ayudó la lozana del Río? Por un pedazo de pan baila el can…

Erasmo de Roterdam deja claro en Elogio de la locura que los viejos pierden el sentido y acaban siendo como niños. Sus familias (y particularmente las esposas beneficiarias) han de retenerlos como retuvieron a los hijos pequeños. Por eso sorprende que doña Pilar de Granada le permitiese a don José –canario honorario– dar a imprimir algo como Caim. El texto último del autor de Memorial do Convento enfurece a los creyentes en Dios y hace trabajar a sus lectores, creyentes o ateos, en el intento de colocar los signos convencionales de escritura que el demonio se llevó (con permiso de la esposa traductora e inductora al portuñol).

Una vez colocados puntos y comas, se percibe en el texto una divagación sin gracia ni sustancia, soporífera: una vacuna recomendable contra las vanidades diabólicas de un galardón terrenal que se entrega en Suecia, país triste de monárquicos nunca convencidos de la monarquía.

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*