Racismo en la Cuba castrista

Portada de Pichon 300Decía o Jorge Amado, el supremo escritor brasileño, que él era “um branco da Bahia”, poniendo en duda así que no tuviera algo de negro. Y a la Bahía Mulata de Todos los Santos fue a buscar paz definitiva en vida uno de los negros más castigados de la africanidad americana, Carlos Moore.

Cuba es un país que lleva el racismo en la sangre, por mucho que la ortodoxia pseudorrevolucionaria lo quiera ocultar, y Moore procede del grado inferior de la escala racial cubana: es “negrito pichón”, hijo de inmigrantes de Jamaica.

En el lugar donde nació, criollos y “gallegos” (españoles de toda laya) eran de casta superior, los “guajiros” (labriegos descendientes de españoles) bajaban un escalón; y debajo de ellos comenzaba la batalla: quién era más claro entre los mulatos del pueblo. Por fin, en la base de la pirámide social aparecían con cuidado los negros, aunque tuviesen más conocimiento y más dinero que cualquier guajiro. El padre de Carlos era capataz de ingenio yanqui, porque hablaba inglés de Jamaica. Pero era negro.

Carlos Moore tuvo la suerte de poder emigrar a Nueva York, donde entró en contacto con el Black Power que luchaba para igualar americanos con independencia del color de la piel. Su mentora fue Maya Angelou, musa “afro” de tanta arte, fallecida hace poco. En aquel entonces triunfó Fidel sobre Batista y Carlos volvió a Cuba, lleno de ansias revolucionarias.

El Comandante había decretado que en su país ya no había más racismo. Pero la dignidad de Moore, liberado de complejos en Estados Unidos, lo llevó a denunciar que nada había cambiado en su país de origen; y por eso fue enviado a un campo de reeducación (a cortar caña).

Después fue tratado como “gusano” hasta acabar en un exilio militante, ejemplar, por medio mundo. Europa y África, las culturas que confluyeron en las Américas de colonos y esclavos, lo marcaron a hierro. Fela Kuti, el cantante nigeriano, le realimentó su voluntad de lucha.

Con el tiempo, convertido en figura de proyección mundial, intocable, volvió a la Cuba manejada por los maniobreros Castro; para comprobar como compañeros suyos de protesta contra el racismo castrista habían acabado en el manicomio o en el suicidio…

Carlos Moore nos dejó escrita su experiencia de lucha por la igualdad de blancos y negros (todos con materia del mismo color –gris– en el cerebro). Escribió originalmente en inglés (su lengua materna aunque en la calle hablase castellano de Cuba) Pichón, race and revolution in Castro’s Cuba. Es un relato destructor de mitos revolucionarios, que ya vio su traducción al portugués del país más negro de las América, Brasil: Pichón, a minha vida e a revolução cubana.

En su empeño estaba la versión al castellano, la otra de las tres lenguas europeas conquistadoras de continentes. Ojalá llegue a tiempo para que, por lo menos, la pueda leer Raúl Castro (el Che Guevara que maltrató al “pichón” molesto hace tiempo que no puede; y Fidel no parece estar para lecturas en ningún idioma).

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*