Un nuevo siglo fascista?

O nosso seculo e fascista 300Hace ahora cinco años una noticia se extendía por Francia como incendio forestal: Marine Le Pen, hija del viejo león rugiente Jean-Marie, conseguía una intención de voto del 23 % para las próximas elecciones a la presidencia de la República, seguida por el “enano” Sarkozy (que lleva zapatos con alza) y una poco “sonora” candidata socialista (previa a Hollande), ambos con un 21%. Muy detrás de ellos vendrían figuras como De Villepin, que tan buen castellano habla.

Como dicen los brasileños, “filho de peixe, peixinho”: la hija moza de don Jean_Marie se parece a su progenitor. Ambos son corpulentos –con independencia de género y edad–, amables a corta distancia (por ejemplo, en el restaurante del Parlamento Europeo donde alguna vez me encontré con él) e inflexibles en la postura que lleva a los tiempos en que nació y se crió el anciano.

Cuarenta años más joven que su padre, Marine nos hace recordar a la Europa del fascismo, río profundo que la recorría toda, de Este a Oeste, de Norte a Sur; porque el fascismo, sus paralelos y derivas, fueron manera de “pensar y vivir” paneuropeas; y hasta americanas, según se puede ver hurgando en la Historia de países que marcan caminos de pensamiento y sentimiento en las Américas (véanse las de los EE.UU., Brasil y Argentina, sin ir a más rebusca).

A quien siga los hechos europeos de hoy, y se pregunte qué está surgiendo desde Suecia a Grecia y desde Polonia a España, le recomiendo leer O nosso século é fascista!, obra monumental de Manuel Loff, en la que este profesor de la Universidad de Oporto hace comparación de los fascismos español y portugués integrados en aquellas corrientes que alimentaron los espíritus de Europa, y que aguantarían en la Península por la longevidad de sus dictadores (sostenidos por las potencias triunfantes de la II Guerra Mundial como adalides del anticomunismo).

Lo de la Francia actual, lo de Alemania, que se va atreviendo a manifestarse (con incendios de albergues de refugiados y cruces gamadas entre escombros), la xenofobia de Flandes y Holanda… indican una renovada tendencia hacia valores del pasado, de cuando no se conocía el ADN y se hablaba a la ligera de “razas”: Europa para los europeos, un eje fuerte –ahora franco-alemán– para gobernar el Continente, África como fuente de recursos minerales, Iberoamérica para españoles y portugueses (lacayos de franceses, alemanes…y yanquis).

Por cierto, como documenta Loff, los nazis creían que España debía ser “racionalmente dividida según sus razas”. En esa racionalización racista, Galicia pasaría a unirse con Portugal; Cataluña y el País Vasco serían independientes. En tales términos informaba el embajador portugués en Berlín a su gran jefe Oliveira Salazar.

En ese momento Alemania arrasaba países europeos con intenciones colonizadoras. Portugal no renunciaba a su vieja intención de desmembrar al poderoso vecino castelhano, opresor de la periferia peninsular que nunca perdonó la secesión lusitana. Ninguno de aquellos hombres podía imaginarse la Unión Europea; ni, tan siquiera, las euro-regiones fronterizas como, por ejemplo, Galicia-Norte de Portugal: recuerdo de la Gallaecia y del Reino Suevo, organizaciones administrativas y políticas que representaron la transición del Imperio Romano (tan querido por los fascistas) a los reinos anteriores a las naciones-estado donde surgieron los odios raciales.

O nosso século é fascista! y su autor están bien identificados en la web, con todos los datos para adquirir el libro. El posible lector debe ser advertido de que el idioma básico de redacción de la obra es el portugués. La documentación se presenta con originales en las lenguas ibéricas, el francés y el inglés. Loff, de apellido quizás alemán, nos hace el favor de presentar los documentos alemanes en inglés. Al hispanohablante que tenga buen dominio de un par de románicas y del inglés no le va a hacer falta ni diccionario. Y va a recibir una lección muy interesante de Historia Alternativa a la Historiografía Oficial, sobre todo a la española (minada de fascismo madrileño).

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