¿Qué tiene que ver Abu Dhabi con Compostela, Buenos Aires y Edimburgo?

La verdad es que llevo semanas queriendo escribir para Brit Es una crónica sobre la mayor feria del libro de las Américas, la de Buenos Aires. No lo hice por dos razones: porque me ando moviendo, distrayendo, y porque nos faltaba un dato fundamental. No sabíamos qué iba a pasar en las elecciones municipales de España.

Cualquiera que lea el párrafo anterior puede pensar que estoy un tanto desnortado, cosas de la edad; pero no es así. Ya veréis: La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires es mayor que cualquier otra del continente americano, desde el Quebec a la Patagonia. En la de 2014 hubo más de 1.200.000 visitantes. Quizá no suponga tanto en negocios editoriales como alguna norteamericana, pero no hay quien la supere en ventas de libros. Los argentinos son lectores. El Gran Buenos Aires es inmenso, y una ciudad culta, donde la cultura nunca paró, ni en tiempos oscuros, dictatoriales.

Esa feria invita todos los años a una ciudad emblemática. Este año, 2015, invitó a Méjico, otro enorme criadero de cultura, que se volcó con alardes de sencillez: un vasto stand armado con tubos, bridas y plataformas de andamio. Sobre los pasillos para obreros, cajas de cartón con retratos de escritores hechos a plantilla y aerosol. El primer país hispanoamericano en población trajo sesenta escritores a Buenos Aires; a todas horas había mesas de presentación y discusión en el stand. Nunca faltó público. Nunca faltaron tequilas y zumos de toronja.

El año anterior la invitada fue la mayor urbe del país más poblado y poderoso de las Américas, aparte de los EE.UU. Imaginad la que armaron los de São Paulo. Aquello era una música (sin caipirinhas ni capirowskas. Pity!).

En 2013 le tocó a Amsterdam, y allá se volcaron los insulsos de los holandeses con toda su riqueza y su historia de editores…

Bien, pues para 2016 la ciudad magnética escogida es Santiago de Compostela, Patrimonio de la Humanidad.

Pero no creáis que la cosa fue fácil, aunque las negociaciones habían empezado hace dos años y se concretaron (doy testimonio porque estuve presente) durante la Feria de 2015. El Gobierno de Galicia, preocupado por la gobernabilidad de la ciudad de los peregrinos (en cuya catedral están enterrados un obispo hereje y sus discípulos), asumió la responsabilidad de correr con gastos y organizar una fiesta de cultura. Ahora sabemos que Santiago va a ser gobernado por un ayuntamiento laico y culto, que sabrá estar a la altura del desafío.

Supongo que españoles y británicos capaces de entender el idioma en que ahora escribo sabréis aquello de que “cuando los castellanos empezaban a hablar de guerra, los gallegos llevaban doscientos años cantándole al amor”. La Literatura de Galicia y sobre Galicia, sobre Compostela, sobre el Camino que durante siglos trajo millones de europeos al Finis Terrae europeo, justifica sitio de honor en el Predio de La Sociedad Rural de Buenos Aires. Ahora, ¿qué me contáis de la Literatura de Abu Dhabi?

¿Y por qué nos lo preguntas?, os diréis. ¿Qué tiene que ver Abu Dhabi con Compostela?

Tranquilos. Dejadme que os cuente que la Arabia Saudí tenía este año en La Rural un stand de tamaño petrolero, mas en el que apenas se veían los libros. Allí unos señores amabilísimos daban panfletos sobre el Islam explicado para cristianos y hasta un curioso opúsculo en el que “Jesús presenta a su hermano (sic) Muhámmad a la Humanidad”.

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Borges y María Esther Vázquez. Villa Silvina (Mar de Plata), 24 de marzo de 1964.

Como soy un “curioso de mierda” (dicho criollo), les pedí a aquellos funcionarios que me indicasen obras de escritores saudís presentes en la feria (el país del oro negro tiene unos 30 millones de habitantes). Me apuntaron el dedo hacia un Corán en una urna y hacia libros sobre turismo o cuentos de beduinos en expositores.

A mitad de feria se corrió por los círculos informados que Abu Dhabi “se ponía con mucha plata” (¿me entendéis?) para ser ciudad invitada en 2016. Vista la riqueza literaria de Arabia Saudí, la gente se preguntó por el caso de Abu Dhabi. Nadie conocía un solo autor abudhabí.

Cundió entonces la alarma, no sólo entre gallegos sino entre españoles en general. Llegó hasta la poderosa Federación de Asociaciones Españolas en la Argentina. Hubo llamadas y triunfó la racionalidad: casi la mitad de los argentinos descienden de italianos. Algo menos, de españoles. Y, de estos, un 70% tienen origen gallego (llega con ver los nombres de las calles de Buenos Aires. A la Feria del Libro se accede por la Avenida Cerviño).

Salvada la situación, fui a hacerle una foto a un amigo bajo la Torre de los Ingleses, y hablamos del enorme stand comercial de libros en inglés de la feria; y de los grandes de la Literatura Nacional “verdadera” que llevaron apellido británico. Me gusta mucho la sencillez de House en “El último perro”; pero mis favoritos son Hudson, autor de “Far Away and Long Ago”, y Lynch, el de “El inglés de los huesos”. Ambas obras son un must para saber de la Argentina pampeana, la del estereotipo. Si alguien quiere conocer mundos exóticos, que lea “Uttermost Part of the Earth” de Bridges. La verdad es que Borges se lució diciendo que “un argentino es un italiano que habla español, piensa que es francés pero quisiera ser inglés”. Yo lo corregiría. Le diría que eso es un “porteño”, nacido y criado en “El París del Plata” (o en “El Londres de Sudamérica”).

Pena que Borges, por ciego, non pudiera apreciar la belleza pétrea de Compostela cuando allí lo llevó la bellísima María Esther Vázquez, de estirpe gallega. Pena que el sublime estilista, que pensaba en inglés, no pueda asistir a la feria de 2016; pero sí lo va a hacer María Esther, aunque se tenga que apoyar en un bastón. Este año ya estaban los dos juntos en fotos que les hiciera el común amigo Bioy Casares (importante curiosidad de la feria, las fotos de un renombrado escritor…)

¿Y Edimburgo? Allí comenzaba uno de los extremos del Camino a Santiago por el Norte, que tocaba Ferrol vía marítima. ¿Por qué Edimburgo? Porque de tal ciudad emigraría a Buenos Aires parte de una familia que se dividió en dos: unos a América y otros a África; unos a la inmensidad de las pampas feraces y otros al arriesgado cultivo del café en las colinas keniatas. En medio de la historia, la Segunda Guerra Mundial, los nazis campando por sus respetos en Argentina, el Mau Mau formándose en Kenia; y un amor ilegal que dejaría boba a la autora de las Sombras asombrosas.

Esa historia me la contaron a mí, pero se la pudieron haber contado a Naipaul las mismas personas que lo introdujeron en la Argentina que el calificara como “land of plunder” en “The return of Eva Perón”. Naipaul y yo tenemos un punto de conexión casi familiar (cosas raras de la vida). Yo juego con ventaja de hablar dos idiomas imprescindibles para entender Argentina: castellano y gallego (por eso nunca conté tonterías sobre la Patagonia como el pobre de Chatwin).

¿Quién escribirá la saga de unos escoceses -con derecho a nombre de calle y retrato en museo- que se repartieron por la faz del mundo para vivir la épica del siglo XX? Naipaul es un anciano y yo, un viejo en la count down de la vida…

La gran ventaja de Buenos Aires sobre las grandes urbes del mundo es que los hijos del aluvión que la llenaron son de todo el mundo, todo, hasta de las Américas (Hudson era yanqui criado en la pampa). Solamente es necesario hablar algunos idiomas y no tener prejuicios de raza o religión: la materia literaria es tanta que no se puede digerir. Allá le dan a uno remordimientos de no haber estado más, viajado más, tratado a más gente.

Y termino con una invitación a los que leéis Brit Es. Entre Buenos Aires y Bruselas, pasé unos días en Coruña y anduve haciendo el itinerario de una novela mía que ahora pasa a la versión gráfica. Llevé a guionista y dibujante a mis paisajes ferrolanos y eumeses, a lugares marcados por el Camiño Inglés.

Paseando, fotografiando, les hablaba no solo de la novela (que ya saben de memoria, pobrecitos) sino de mis andanzas por la Repúbica Austral. Creo que los convencí para ir preparando el salto a su capital, a la Feria, en abril del año próximo: Santiago de Compostela no es un fenómeno gallego (el de Prisciliano, panteísta, suplantando al Apóstol). Tampoco, un icono de la historiografía oficial española (el de Santiago Matamoros). Es una síntesis de la Europa que siempre quiso ir hacia el Oeste y pasar el Ecuador.
Buenos Aires, 10.000 kilómetros al Sudoeste de Compostela, nos va a esperar con música de gaita penetrante, con ritmo de lengua poética, con una cordialidad ante la que se vence cualquier europeo refinado.

Id allá. Me lo vais a agradecer.

[Publicado en Brit Es Magazine]

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