El tío Boris

Tío-Borís-1-202x300En los calores del verano austral, a pocas cuadras de la inmensidad marrón que se llama hoy Río de la Plata y los navegantes antiguos llamaron Mar Dulce, acabo de leer, y releer por partes, un libro magnífico de una escritora admirable: “Tío Borís” de Graciela Mochkofsky. El subtítulo de la obra ya orienta a quien defiende la memoria histórica, “Un héroe olvidado de la Guerra Civil Española”; el nombre de la autora, Graciela, es como un sello de argentinidad (una castellanización del Graziella italiano); su apellido apunta a familia de “moishes”, gente que en Buenos Aires dio para mucho “zurdo”, unos anarquistas y otros comunistas, algunos de procedencia “rusa” (del imperio de los zares) y otros, alemana (del imperio del káiser).

Nunca acabaremos de medir el revulsivo brutal de la Guerra que nos contaron nuestros padres –a medias y con miedo– a los de mi generación; y cuando aflora un libro inteligente y valiente como el de la Moschkofsky uno siente que renaciera la esperanza de llegar a saber algo más de los que condicionó nuestras vidas en la Longa Noite de Pedra que poetizara Celso Emilio Ferreiro, a quien siempre se debe mencionar (nada ten certero para definir lo que sufrimos).

Para mí, que solo sé de Literatura por la práctica, el libro de Moschkofsky tiene dos componentes básicos que lo hacen diferente a lo que podría haber sido reivindicar a su tío abuelo Boris, un rojo natural (hasta era pelirrojo), nacido con tal espíritu revolucionario que, siendo todavía adolescente, fue capaz armarle huelga de obreros a un tío suyo para quien trabajaba. No es que esta escritora, consolidada tras varios libros de bulto, nos haga el relato del sindicalista que mal se puede reconocer “en función de guerra real”; es que, además, nos cuenta las vicisitudes novelescas en las que logró documentarse para escribir la vida de un héroe humilde, del que no queda ni tumba pues su humildad acabó en un osario.

No voy a reventar desde este comentario las dos historias que Graciela nos regala (en cierto modo, me fastidia la buena intención de los críticos que resumen los argumentos de mis propias novelas); pero sí quisiera anotar que con ella aprendí mucho, que tuve la explicación de porqué mi padre, médico del ejército republicano, católico erasmista, quizá cristiano-demócrata, se revolvía contra sus recuerdos de los anarquistas armados y, sin embargo, admiraba a sus contrincantes ideológicos comunistas.

Mochkovsky hace una matemática descripción de la batalla del Ebro (a la vista de los militares, laboratorio de las grandes batallas de la guerra que ya se imaginaba en Europa). Ella es joven –del 69– y no pudo tener la suerte que otros tuvimos (permítaseme citar “Entre fronteras”): la de que nos la contasen tal horror los que estaban en las trincheras y, en mi caso, hasta uno que fue enlace en aquel campo de pólvora y plomo.

Solo por la precisión con que trata la batalla fulcral del fin de nuestra República ya se justificaría la componente histórica del libro. Pero a ese episodio le añade Graciela de todo lo necesario para que gocemos los viejos y los jóvenes se ilustren.

Ayer estuve en el Bar Iberia de la Avenida de Mayo, donde nos juntamos los republicanos. Hice una foto de la placa dedicada a las Brigadas Internacionales: pena que en vez de bronce, que permite leer tan bien, se hiciera en metacrilato y con poco resalte. El tío Borís (no Boris) de Graciela fue uno de esos tipos recios que se marchaban a morir por un ideal. Ella descubrió que fueron unos 250 argentinos, la mayoría con apellido español. A Borís Mochkovsky le dieron un alias bien castellano y se fundió con la tropa a su mando.

Tal vez, parido el libro y descansada la conciencia de su sobrina nieta (las leyendas familiares deben ser recogidas: scripta manent), ahora se le presente el reto de seguir recuperando hombres que perdieron una guerra por la falacia de otros con tumba gloriosa, como Churchill y Stalin. Adelante, Graciela. Te esperamos.

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*